Le Grand Bleu

Estamos programados para aceptar que nos vaya mal. Nos enseñan a conformarnos, a resistir, a superar las desgracias, a dar gracias a dios porque podría haber sido mucho peor. Nos educan en los “ y si…“ y en los “ por lo menos…“ pero nadie nos prepara para que nos vaya bien. No sabemos enfrentarnos a la “trabasuerte“ trabajo y suerte. No nos educan para no sentirnos culpables cuando podemos disfrutar de los regalos que nos trae la vida. Supongo, aunque no se trata de echarle las culpas a nadie, que la religión tiene mucho que ver con eso. Una religión mal entendida que nos hace ponernos de rodillas si nos sonríe un poco la vida y esperar que a la vuelta de la esquina aparezca un dios castigador a atizarnos donde más nos duela. Porque si nos va bien, es porque algo malo habremos hecho. Es curiosa esta forma de pensar que no conozco en ningún otro ciudadano del mundo salvo en los españolitos de a pie, que somos unos pocos….millones. Nos queda tanto que aprender. Dios se asustaría si supiese el concepto que nos han hecho tener de él. Lo mejor para que los demás te perdonen es decir que vas tirando. Pero tirando de qué, tirando de dónde…


 

Tirando de la vida y del trabajo, de las responsabilidades y del no rendirte jamás. Tirando del NO cuando te dicen NO, y tirando de ti para no quedarte en casa lamentándote porque el papel se lo dieron a otra. Tirando de tus sueños, soñando que si no es en esta ocasión, lo será en la siguiente. Y mientras llega ese momento, siempre hay tareas por hacer, cursos que recibir, mil cosas que mejorar y que aprender, y muchas cervezas y menús que servir o inciensos o pantalones que vender. Y tirando del SI cuando la ocasión lo merece y se valora lo que haces. Y el esfuerzo y la recompensa, compensan las noches de insomnio mientras sueñas y no dejas de soñar y de creer.

 

Nunca he abandonado mis sueños. No he sido muy consciente de ello hasta ahora. Pero hoy me doy cuenta de que siempre estuvieron ahí. Siempre llevé de la mano a la pequeña pecosa que se perdía con facilidad porque andaba distraída mirando las luces, o los pájaros o las flores o cualquier otra cosa viva que se cruzase en el camino sin darle importancia a otras mucho más relevantes a los ojos de los adultos pero no a los míos. Y hoy me gusta echar la vista atrás y comprobar que nada ha cambiado. Que lo que siempre tuvo valor no ha dejado de tenerlo. Que gracias, es la primera palabra que amanece en mis labios cuando me despierto. Que me sigue emocionando una nube o una flor inesperada en el camino o un olor a romero o a lavanda mientras atravesamos los jardines de Le Grand Bleu para llegar a mi café y a tu Ricard y que me llenas de vida y de paz con un abrazo repentino desde esta ventana que compartimos mirando al mar y al mundo agradecidos.


 

 

 

Acerca de marabascal

La vida es un lugar para quedarse a vivir...
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2 respuestas a Le Grand Bleu

  1. yreneyuhmi dijo:

    No he podido evitar imaginarte de niña! ^_^ describes tan fluido y con trazos tan sencillos y potentes como si de una acuarela se tratase…los sueños…nunca hay que dejarlos, nunca se dejan, son parte de una y también la fuente de esa fuerza para seguir “tirando” y no sentirnos culpables, ni temer por qué las cosas estén saliendo demasiado bien…esos miedos con los que la sociedad, la religión, la superstición nos azotan. Gracias por tan bellísima reflexión, (la necesitaba! Tenía que escuchar/leer estas palabras) un beso!

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