Cajas…

Tenía delante de las manos el teclado del ordenador con este mensaje escrito en la pantalla:

“documento en blanco” cuando en realidad debería de poner “cerebro en blanco”

No hay palabras entendibles que uno reconozca como suyas capaces de explicar el abismo infinito que aparece justo debajo, en las puntas de los pies.  Es como tragarse un ascensor que no para de subir y de bajar al mismo tiempo. Había sido tan lenta la despedida, tan poco a poco, tan racionada, que casi ni me había dado cuenta de que ya no había excusa para volver, de que ya no quedaba nada que embalar, nada que meter en el coche y que traer. Ya todo estaba aquí. En este nuevo espacio que a pesar de reducido, me parecía inmenso la primera noche e imposible de llenar.

En qué poco tiempo, muy poco quizá, estuvo repleto de mí en cada rincón, por todas partes.

No somos un espacio. No somos paredes ni techos, ni puertas ni ventanas que se abren y se cierran. Somos mucho más. Somos más que lo que contienen esas cajas, vacías antes y llenas luego de nosotros mismos. Somos un universo vacío como aquellas cajas que se van llenando poco a poco, a cada rato, de momentos y de pasos en alguna dirección que no sabemos hacia donde va, pero que nos lleva de la mano para que al girar la cabeza, si nos despistamos un momento, hallemos siempre aquellos ojos a los que aferrarnos para no volver a perdernos, que son los nuestros.

Nota:

Tengo especial cariño por estas letras que junté en un momento difícil de cambio total.  Momento de vértigo que sólo me ha conducido a vivencias hermosas. Lo colgué en mi recién estrenado Twitter y mi recién estrenada vida. Alguien que no me conocía lo leyó y le inspiró un poema. Por esas vueltas que da la vida acabamos conociéndonos y  me lo confesó en una entrevista que me hizo el otro día para la revista “Qué leer”. Le pedí que me lo enviara y así lo hizo con esta nota: “Lo prometido es deuda, ahí va el poema que escribí con tu texto y aquella foto. Está sin corregir pero creo que te pertenece así y a ti de alguna forma. Un abrazo.”

Y yo quiero compartir con los amigos desconocidos que se interesan por mi blog y lo que escribo y a los que estaré, por ello, siempre agradecida.

Ahora pienso que nada que realmente importe cabe en ninguna caja. Salvo en la última.

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Cajas Vacías

 

Puede que quizá seamos sólo un recuerdo.

Ahora, sentada en el borde de esta inmensidad,

pienso en quién fui antes de todo

y cómo he llegado nadando

hasta esta playa de parquet nuevo

y estas paredes lisas sin memoria.

No tengo vértigo, lo he perdido en el camino.

Tampoco sé si estoy triste,

es raro tener mi vida en cajas

esperando que cada cosa ocupe su sitio.

Cajas llenas, cajas vacías,

puede que quizá seamos sólo un recuerdo,

huecos en el corazón de otro

y muchos futuros en el nuestro.

 

Poema de Óscar Santos Payán

 

 

Acerca de marabascal

La vida es un lugar para quedarse a vivir...
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