El techo en blanco

 

Acabo de salir de ver el techo de mi ginecólogo. Todos los años se repite la misma escena. Mientras parece estar buscando algo que se le ha perdido entre mis piernas yo le suelto la misma frase:- ¿Cuándo vas a poner un póster en el techo?- Las gilipolleces más grandes las he soltado en su consulta. A más tensión más gilipolleces. No lo puedo remediar. Se me escapan las palabras solas y una vez dichas es absolutamente imposible volverlas a meter en la boca. Yo ahí, diciendo disparates mientras miro el techo y él mira lo que no es el techo. Es una situación a la que no me acostumbro. Hace catorce años que me pasa la ITV (Inspección Técnica de Vagina) pero nada. Cuando salgo por la puerta ni siquiera soy capaz de recordar qué es lo que he dicho y cuando soy capaz de recordarlo es mucho peor, porque entonces me ruborizo donde quiera que esté sólo de pensarlo y ya no es plan. Don Ernesto ya se jubiló. Éste es un tipo muy tímido y muy correcto y por desgracia el único que me ha puesto la mano encima y debajo en los últimos 389 días. La última vez también fue él. La enfermera se queda allí de pie, asomándose . Sé muy bien a dónde aunque no sé a qué con su sonrisa de anuncio. Sujetando la sabanita que separa el sexo del pudor, y yo mientras, hablando sin control. Con los brazos a lo maja de Goya (en su versión más fresca, por su puesto) para que luego me palpe los pechos en vez de tocarme las tetas y con la espalda empapando la camilla con el sudor de la espalda. Cuando una empieza a encontrar atractivo a su ginecólogo es que tiene un problema. Anoche no pude pegar ojo. No sabía qué ponerme ni cómo depilarme. Yo no llevo gafas pero he ido conociendo las tendencias ópticas año tras año a través de las suyas, porque además de tímido, también es muy moderno. Cuando termina, sus gafitas aparecen por encima de la sábana para decirme que todo está perfecto. Este año por ejemplo, se llevan abrochadas delante con un imán. Le quedan muy bien.

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Claro que desde hace unos meses también encuentro atractivo al mecánico que me cambia el aceite del coche y al chico que me vende el periódico, incluso a este muchachín que me está trayendo el café. Voy a ser de lo peorcito del geriátrico, me estoy viendo venir. –Con sacarina, cariño- Mi abuela era muy abuela a mi edad y yo apenas me puedo creer que ya tenga cincuenta y todos. El domingo que viene es mi cumpleaños y no quiero celebrarlo. No es que no quiera una fiesta. Una fiesta siempre es una fiesta. Además mi hija mayor ha prometido presentarme a un compañero del trabajo que se acaba de divorciar. Espero que no sea como el último. No me gustan los hombres de mi edad. Son muy viejos. Tenía que haberme quedado en Cuba ¿Cuántos años tendrá el camarero?¿veintitrés?

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No me voy a poder levantar. Creo que me he mojado la falda. Estas nuevas ecografías fálicas me ponen a cien-Gracias- Desde que he dejado de fumar no me separo del móvil. Así no me siento tan sola cuando estoy en una terraza como ahora o en el metro. Leo y releo los mensajes de mis hijas y me sé de memoria las fotografías de mis nietos. No es que yo lo diga pero son tan guapos…¡¡¡Nietos!!! Por Dios bendito casi estoy en edad de tener hijos. Me sobra energía todavía. Qué calor y yo sin abanico. Creo que en Octubre me voy a matricular en Historia del Arte. Se me ha pasado la vida cuidando a todos y yo no he tenido tiempo de nada –Por favor ¿me traes otro café, guapo?- Me está mirando raro. Espero que a nadie se le ocurra la feliz idea de aparecer el domingo con un “60” gigante encendido encima de la tarta porque se la tiro a la cara. Ya les he dicho a las chicas que me pongan sólo una. Mejor me apunto a un taller de escritura. Voy a buscar en Google. Malditas teclas. Qué pequeñas son. A ver…Taller de escritura y poesía. Ah, me queda aquí mismo, voy a preguntar. -¿Me traes la cuenta, cielo?

Qué nervios…No sé de qué irá la clase exactamente. Nunca he escrito nada. Qué bien, el jueves empiezo. Un poco estirada la de recepción, pero qué mono el profesor. Mañana llamo a mis hijas para contárselo, ahora ya es muy tarde. No tengo sueño. Maldito techo…¿Y si me levanto y me pongo a escribir algo…?

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Acerca de marabascal

La vida es un lugar para quedarse a vivir...
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7 respuestas a El techo en blanco

  1. Manuel Lorenzo dijo:

    Sencillamente delirante! Y tu crees que te hace falta un taller de escritura? (aparte del profesor mono?) Lo iba leyendo y tenía que parar porque me reía a cada párrafo imaginandote en cada situación y, a continuación, volver a leerlo (esta vez en voz alta) para que se riera mi mujer… Eres genial, Mar! Un seguidor tuyo (@ayastor) de Twitter.

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  2. citeyoco dijo:

    No he podido parar de reír mientras lo leía. Tienes un gran don con la escritura. Esperamos seguir leyendo este blog durante muchos muchos años!

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  3. Jonathan Robles dijo:

    Parecía unas secuencias de Sexo en NY. Jajaj. Un artículo muy divertido Mar.

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  4. yreneyuhmi dijo:

    Estupendo Mar! Me ha encantado! Sorpréndenos con más por favor ^_^ besosssss!

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